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El numero de los dioses

by theSpiritOfswiM

Echando la vista al pasado, el ser humano, contrario al resto de especies, ha creído o ha tenido la necesidad de creer que un ser o seres de un nivel superior habían creado todo el mundo conocido y por conocer. Durante siglos y siglos la religión ha estado presente en la vida diaria de casi cualquier ser humano, y no fue hasta ya entrado el siglo XVI cuando en Asia comenzó a surgir la idea de que podría no existir ningún Dios. Una idea que no entró en Europa hasta el siglo XVIII y que gracias a la ciencia y al descubrimiento de la Teoría de la evolución y la selección natural de Charles Robert Darwin en 1838 ganó mucha fuerza en una sociedad atemorizada por la iglesia. En la actualidad alrededor del 20% de la población esta segura de que no existe ningún ser sobrenatural.

Sin embargo, si eres miembro de ese porcentaje, te invito a que desafíes a tu mente y leas lo siguiente:
Como ya sabrás, el ser humano es oportunista y siempre busca su propio beneficio. La ciencia, por muy científica que sea, está hecha por seres humanos, y como he dicho, siempre buscará su propio beneficio e intentará ocultar aquellos datos que no le sean favorables. ¿Verdad que la iglesia intenta ocultar todo aquello que la perjudica? ¿Verdad? Pues la ciencia no es menos. Muy a sus pesares, como ya sabemos, no lo consiguen y la verdad acaba saliendo a la luz.

La ciencia existe casi desde que existe el ser humano pero la ciencia contemporánea es la ciencia de los griegos. Fue en esa época cuando un geómetra llamado Euclides calculando las proporciones de un segmento descubrió un número que más tarde llegaría a ser considerado el número de los dioses. Estoy hablando de El numero de Oro. Puede parecerte algo sin importancia pero ¿por qué lo llamaron los griegos El número de los dioses? El número de oro (matemáticas y geometría) llamado también El número de la naturaleza (ciencia) aparece en casi todas las formas de vida y de hay que un pueblo tan creyente en la mística le diese ese nombre.

Desde el crecimiento de las plantas, la distribución de las hojas en un tallo, de las ramas en un árbol, la formación de las caracolas, en el número de pétalos de una flor, en las telarañas hasta en las dimensiones y formas de las galaxias y los agujeros negros. Todo eso que parece aleatorio se rige por un número conocido. Puede parecerte increíble pero todo en tu cuerpo está construido mediante ese número, como si el feto fuera una fábrica el hecho de que tengamos 5 dedos, la distribución de nuestras articulaciones incluso nuestro ombligo divide nuestra altura en un segmento áureo. Puede parecerte totalmente inverosímil pero si hace millones de años unos seres "superiores" llegaron aquí y nos diseñaron a nosotros y a todo nuestro alrededor, esos seres tendrían como medida estándar El número de oro, al igual que nosotros tenemos el metro o los británicos la yarda.

Resulta ser que la relación entre nuestros ángulos de visión horizontal y vertical es una relación dorada, de ahí que está científicamente probado que algo con proporciones doradas nos es más atractivo. Los griegos, que anhelaban la belleza, utilizaron esas proporciones en todas sus construcciones (un claro ejemplo es el Parthenon) y esculturas. Pero no hay que ir tan lejos para encontrarnos con ese número, pues las tarjetas de crédito, DNI's y cajetillas de tabaco, entre otros, están diseñados bajo El número de oro.


Quizá nunca sepamos la verdad pero la realidad no es como nos cuentan, nada es como es por azar. Todo se rige por algo.

¿ves, o sólo miras?

by theSpiritOfswiM

... ver requiere cierta actividad por parte del espectador: No basta con dejar que se forme una figura en la retina de manera pasiva. La retina es como una pantalla de cine en la que aparece un sinfín de imágenes cambiantes, pero la mente que hay por detrás del ojo sólo es consciente de un pequeño número de ellas. Por otro lado, sólo necesitamos una ojeada rápida para pensar que hemos visto algo; un pequeño detalle es suficiente.

Una persona que va caminando con la cabeza baja tiene la impresión de haber visto unos pantalones vaqueros; le ha bastado con un vistazo. Cree que ha visto a un hombre, pero lo que realmente ha visto ha sido esa costura tan caracterítica que recorre el lateral de la pernera. De esta pequeña observación saca la conclusión de que un hombre ha pasado a su lado por la acera, sólo porque donde está este tipo de costura debe haber unos vaqueros, y unos vaqueros que se mueven suelen llevar a un hombre dentro. Normalmente su observación acaba aquí; hay tantas cosas que mirar en una calle abarrotada que no puede distraerse con el resto de los peatones. Pero por alguna razón, nuestro personaje quiere ver más de cerca a esa persona y observa más detalles. Tenía razón en lo de los vaqueros, pero es una chica quien los lleva, no un hombre. Sino se trata de alguien muy soso, ahora se preguntará: <<¿qué aspecto tiene esta chica?>> Y luego la mirará con más atención, añadiendo un detalle tras otro hasta que se haga una idea más o menos correcta de cómo es. Su actividad puede compararse a la de un retratista: primero hace un boceto rápido de su modelo, un simple esbozo; después lo elabora hasta que se convierte en una chica con unos vaqueros; por último, va añadiendo detalles hasta que obtiene un retrato característico de esta chica en particular. La actividad de este espectador es creativa: en su esfuerzo por crear una imagen completa de lo que ha visto, re-crea el fenómeno que observa.

Este acto de recreación es común a todos los observadores; y es una actividad necesaria para experimentar el objeto que se ha visto. Pero lo que ven esos espectadores, lo que recrean cuando observan el mismo objeto, puede variar enormemente. No hay una idea objetivamente correcta de la apariencia de una cosa, sino un numero infinito de impresiones subjetivas de ella...



[fragmento del libro de Steen Eiler Rasmussen, La EXPERIENCIA de la arquitectura]

Escatologia arquitecta

by theSpiritOfswiM

Érase una vez un pequeño pollito que estaba solo en su nido. Era invierno, hacia mucho frío y nevaba, y el pollito, se acercó al borde de su nido y se cayó. Estaba entonces el pollito en el suelo, tiritando y medio muerto por el frío cuando una vaca pasó por alli y se le cagó encima. El pequeño pollo, que se encontraba ahora cubierto de mierda, estaba muy muy feliz porque ya no tenia frio. En eso que se le acerca un zorro, y saca al pollito de entre la mierda, y se lo come.

Moraleja: NO TODO EL QUE TE HECHA LA MIERDA ENCIMA TE HUNDE, NI TODO EL QUE TE LA QUITA DE AYUDA.